Coronavirus: ¿El Fin Del Mundo?

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A finales del año 2019 China y el mundo entero fue alterado por una nueva epidemia o brote de un desconocido coronavirus, causante de infecciones y muertes a nivel mundial. El número de casos ha ido en aumento, por lo que ha llevado a los gobiernos a tomar decisiones drásticas para evitar el avance de esta pandemia. La realidad es que las epidemias o pestes han estado con nosotros siempre, lo que ha surgido en la actualidad es una manipulación o brote natural del proceso de los virus que evolucionan y mutan.

Breve historia de las plagas, epidemias o pandemias

A través de la historia han surgido una serie de situaciones de esta índole, lo más remoto fueron las plagas enviadas por Dios sobre Egipto (Éx 7-12), los tumores como resultado de una plaga bubónica en los tiempos de David por la captura del arca de Jehová en manos los filisteos (1 Sm 4-6), la peste como fruto del censo de David (2 Sm 24), entre otros.

En los años 165-180 d.C. surgió la peste denominada antonina o plaga de Galeno, la cual fue considerada como un brote de sarampión o viruela, la cual cobró más de 5 millones de vidas. En el 541 y 542 d.C. surgió la plaga de Justiniano, la cual fue transmitida a través de las ratas. Esta plaga le arrebató la vida a más de 25 millones de personas.

La peste del siglo XIV fue denominada “peste bubónica”, “peste negra” o “muerte negra”. Se estima que acabó con 70-100 millones de personas, reduciendo así casi un 20% de la población mundial. La palabra “bubónica” viene del griego “bubón” que significa “ingle”. Esta peste se asemeja a la de David (1 Sm 4-6). Las causantes de esta enfermedad eran las pulgas que se transportaban en los barcos mercantes que casualmente venían de China, estos insectos mordían la piel de las personas, infectaban la sangre, produciendo manchas e inflamaciones intravenosas.

La famosa gripe española (procedente de EE.UU. siendo portadores los soldados que iban a la guerra) en los años 1918-1920 cobró con la vida de 20-50 millones de personas. En 1956-1955 una fiebre asiática le quitó la vida a millones de habitantes y en 1968-1959 la gripe de Hong Kong acabó con más de un millón de personas. En el año 2002 surgió el SARS (Síndrome Respiratorio Agudo Grave) por sus siglas en inglés. Fue identificado como SARS-COV o Cov-2 porque fue reportada en el 2002 y 2003, la cual se estima que surgió de Asia.

Todos estos brotes han sido clasificados como pestes, pandemias (gr. Pan – todo o todas las cosas) o epidemias (gr. Epi – sobre (un determinado lugar)). Hasta hace más o menos 120 años el mundo Occidental entendía que las epidemias como la tifus, tuberculosis, cólera, ébola y otras más, eran parte de la vida cotidiana; sin embargo, nadie se esperaba la sorpresa del Covid-19.

El Covid-19 y Dios

El Covid-19 ha puesto de rodillas al mundo, a lo cual muchos han respondido como una tercera guerra mundial sin armamento militar, el apocalipsis, etc. Dicho coronavirus atacó por la espalda al mundo científico, económico, político y religioso a más de 190 países en tan poco tiempo. Lo que debemos considerar es que la Iglesia no quedó exenta de este ataque, pero ¿De dónde viene? ¿Qué propósito tiene? ¿Dios lo permite? etc. pueden ser preguntas que muchos han intentado responder.

Para tratar de responder algunas de tantas preguntas, debemos aludir principalmente a la soberanía de Dios, fijarnos en lo que Él “es” y no tanto en lo que Él “hace”, puesto que existen diversas cosas que Él permite, como también las provoca. Como se ha mencionado, a lo largo de la historia, las pestes, plagas, epidemias o pandemias han existido, el problema está en que no nos habíamos dado cuenta o simplemente no nos había afectado. La llegada del Covid-19 ha conmocionado al mundo entero por la cantidad de muertes que ha ocasionado, sin embargo, debemos reconocer que cada vez mueren más niños de hambre, más personas se introducen al narcotráfico, drogadicción y prostitución, que la cantidad de personas que mueren por esta pandemia. Si esto no nos hubiera preocupado, mucho menos la tasa de mortalidad por diversas causas debido a que no parece ser nuestro problema.

Las plagas a lo largo de la Biblia e historia no nos preocupaban tanto hasta hoy, puesto que no nos había afectado como lo está haciendo el Covid-19 y mayormente en la era del conocimiento. Lo irónico de la vida hoy es que todos quieren ir al cielo, pero nadie quiere morir. En este tiempo de incertidumbre económica, política y religiosa, más que buscar la cura para la pandemia, se debe buscar a Aquel que controla las pandemias.

¿Este es el fin de los tiempos?

Muchas personas consideran el coronavirus como el fin del mundo, realmente no, pero tampoco podemos negar que sean los principios de dolores de este mundo que está encausado a su final (Mc 13:8). Este será el fin de los tiempos para muchos, pero quizá sea el fin del tiempo de muchas personas en la tierra, puesto que Dios es quien ha determinado y está en control de la vida.

Este tiempo es un llamado al arrepentimiento, confrontación, para reflexionar, evaluar desde donde empezó a decaer el nombre del Señor en las Iglesias, dejar de encerrar a Dios en cuatro paredes y ser idólatras con el templo (Ap 2:2-6). Necesitamos entender que los que depositamos nuestra fe en Cristo somos la Iglesia, la cual se constituye también en el ejército de Dios para llevar las buenas nuevas a todas las naciones (Mt 28:19, 20).

En lugar de quejarnos y especular sobre los tiempos, mientras estemos como ciudadanos de esta tierra debemos obedecer a Dios y al gobierno, puesto que es parte de nuestro testimonio (Tit 3:1, 2; 1 Pe 2:13, 17). Esto no quiere decir que no nos preocupen las señales del fin de los tiempos, sino que mientras los sucesos llegan, debemos trabajar para la expansión del reino de Dios (Hch 1:8; 8:1).

    Las crisis traen progreso, y como resultado, la Iglesia ha crecido en medio de dificultades, etc. Albert Einstein dijo: “la crisis es inevitable, y cuando es inevitable, puede traer mucho progreso”. La peste bubónica del año 1346-1353 tuvo rebrotes en la época de Martín Lutero, el cual hizo un llamado a la población de su época a la solidaridad, a retornar a la fe, la esperanza y convicción en el Señor a través de su palabra, especialmente los Salmos. En esta época dicho personaje compuso el himno Castillo Fuerte en base al Salmo 46, la cual fue emblemática en la reforma protestante. Lutero estaba consciente de que podía ser víctima de ello, a pesar de ello, afirmaba saber cuál era su destino después de la muerte.

Hoy, con el coronavirus debemos buscar las oportunidades para mostrarnos solidarios, es una buena oportunidad para sufrir con los que sufren, llorar con los que lloran, amar a los desdichados, etc. El coronavirus en lugar de ser un desastre, debe ser un estimulante para nuestra fe mientras nos encausamos a la eternidad, puesto que “si vivimos, para el Señor vivimos; y si morimos, para el Señor morimos. Así pues, sea que vivamos, o que muramos, del Señor somos” (Ro 14:8). “Bendito sea el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, Padre de misericordias y Dios de toda consolación, el cual nos consuela en todas nuestras tribulaciones, para que podamos también nosotros consolar a los que están en cualquier tribulación, por medio de la consolación  con que nosotros somos consolados por Dios” (2 Cor 1:3, 4).

¿Estás seguro de tu destino después de la muerte? ¿Qué pasaría si eres un positivo del Covid-19? Esta es una buena oportunidad para volver a la fe, entregar tu vida al control soberano de Dios.

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