Cuarentena: Un período de Prueba y Crecimiento Integral

 In Etimología e Historia

La expresión “cuarentena” proviene del italiano “Quaranta giorni” y del latín “quadraginta”, que se traduce como cuatro veces diez. El origen ha sido religioso, pero se le ha dado mayor realce en el aspecto médico, específicamente al aislamiento de “cuarenta” días a las personas con enfermedades contagiosas. En la época de la peste bubónica, durante el siglo XIV, en Venecia este término fue aplicado fuertemente a los portadores de dicha enfermedad.

Las formas de aislamiento más antiguas conocidas son las mencionadas en el Pentateuco hace más de 3400 años, especialmente en el caso de la lepra; las personas infectadas fueron separadas para evitar la propagación de la enfermedad entre los antiguos israelitas bajo la ley mosaica. Hipócrates y Galeno en el siglo V a.C. aconsejaban al respecto diciendo: “vete rápido, vete lejos y tarda en regresar”. A partir de los siglos XIII y XIV crecen las formas de aislamiento hasta la actualidad. 

Cuarentena en la Biblia

Los escritores del Antiguo Oriente pretendían establecer verdades morales y espirituales bajo el simbolismo de los números. En la antigüedad el idioma era limitado y el vocabulario insuficiente hasta cierto punto, para lograr una mayor expresión de ideas, las personas recurrían al uso de los números.

El número que nos ocupan en este artículo es el “cuarenta”. El “cuatro” principalmente tiene un sentido “cósmico” y corresponde al concepto de que nuestro planeta era un plano de cuatro lados, como la casa que alguien habita. Cuatro eran los vientos que venían de los cuatro lados. De esta manera dicho número llegó a ser símbolo del mundo en que vivimos. Este número también señala los elementos de la antigua filosofía: tierra, agua, aire y fuego.

Existen “cuatro” evangelios, los cuales eran considerados en la antigüedad como biografías, en el cual cada autor ordenó su material según sus propósitos. Los diversos acercamientos a estos señalan que Mateo designa a Jesucristo como Rey, Marcos como el Siervo sufriente, Lucas como el Hijo del Hombre y Juan como el Hijo de Dios. En estos escritos se describen las diferentes facetas de la humanidad y deidad de Jesucristo.

En Apocalipsis existen “cuatro” seres vivientes (Ap 4:6; 5:6; 6:1; 7:11; 15:7; 19:4) que representan toda la creación: “cuatro” ángeles, en los cuatro extremos, controlando los vientos; otros “cuatro” esperan el momento de la terrible masacre sobre la tierra, mientras se hallan retenidos en el Éufrates. Existen también “cuatro” jinetes representando diversas fuerzas que irrumpen en la Historia.

El número “cuarenta” constituye un número simbólico y teológico que indica el paso a una nueva generación, el tiempo necesario para que Dios transforme una situación. “Cuarenta” días duró el diluvio (Gn 7:12); “cuarenta” años duró la peregrinación de Israel por el desierto (Éx 16:25); “cuarenta” días pasó Moisés en el Sinaí (Éx 24:18; Dt 9:9-11). Moisés vivió 120 años (Dt 34:7) que podría dividirse en tres etapas (Hch 7:20-40): “cuarenta” años en Egipto, “cuarenta” como pastor en Madián y “cuarenta” años en el desierto. Los 12 espías de Israel exploraron la tierra de Canaán durante “cuarenta” días (Nú 13:25).  El profeta Elías pasó “cuarenta” días en ayunas en el desierto hasta encontrarse con Dios en el monte Horeb (1 Re 19,8). Los que cometían alguna falta eran castigados, pero no debían recibir más de “cuarenta” azotes (Dt 25:3; 2 Cor 11:24). “Cuarenta” días duró el desafío de Goliat (1 Re 17:16); a Nínive se le concedieron “cuarenta” días para arrepentirse (Jon 3:4); Jesús fue presentado en el Templo a los “cuarenta” días de su nacimiento (Lc 2, 22) tal como mandaba la Ley (Lv 12), ayunó “cuarenta” días en el desierto (Mt 4:2) y “cuarenta” días después de su resurrección ascendió al cielo (Hch 1:3).

En ocasiones el “cuarenta” es visto como la “cuaresma”, del latín tardío de “quadragésima”, lo cual refiere el período de penitencia previo a la Pascua. Los cristianos primitivos sentían que la magnitud de la celebración de la Pascua requería una preparación especial. En el siglo II, muchos cristianos cumplían con varios días de ayuno como parte de esa preparación. En los siglos posteriores, se conmemoraron los “cuarenta” días de ayuno de Jesús en el desierto (Mt 4:1, 2), tomando el número como el tiempo de la duración de la “cuaresma”.

Conclusión – Aplicación

El período de “cuarenta días” en la Biblia siempre señalan propósitos específicos, un tiempo de purificación, de prueba o aflicción, en el cual Dios obra y saca lo mejor del que sufre. En la actualidad no hemos durado solamente “cuarenta días” en confinamiento, sino mucho más debido a la situación que atravesamos. Es imprescindible recalcar que este tiempo ha sido de diversas pruebas y enseñanzas. Además de esto, también ha sido (o debería ser) un estímulo para un crecimiento integral (social, espiritual, familiar, etc.).

En medio de los enigmas de la vida, la fe nos lleva a confiar, esperar y depender de Dios (Sal 46:10). La “cuarentena” actual nos llevará a un final (se espera) beneficioso, pero es necesario que pasemos por este proceso para que podamos ver lo que Dios quiere enseñarnos y hacer por medio de nosotros. No te impacientes por este tiempo de encierro, puesto que la desesperación es pariente cercano del pecado.

“Hermanos míos, tomad como ejemplo de aflicción y de paciencia a los profetas que hablaron en nombre del Señor. He aquí, tenemos por bienaventurado a los que sufren. Habéis oído de la paciencia de Job, y habéis visto el fin del Señor, que el Señor es muy misericordioso y compasivo. ¿Está alguno entre vosotros afligido? Haga oración. ¿Está alguno alegre? Cante alabanzas. Todo tiene su tiempo, y todo lo que se quiere debajo del cielo tiene su hora. ¿Qué? ¿Recibiremos de Dios el bien, y el mal no lo recibiremos? En todo esto no pecó Job con sus labios. Orad sin cesar. Dad gracias en todo, porque esta es la voluntad de Dios para con vosotros en Cristo Jesús” (Sa 5:10, 11, 13; Ec 3:1; Jb 2:10; 1 Ts 5:17, 18).

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