El Terror de Evangelizar

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Les dijo: “Vayan por todo el mundo y anuncien las buenas nuevas a toda criatura”  (Marcos 16:15).

El promedio de cristianos en Estados Unidos está terriblemente aterrado de compartir el evangelio, dudo, incluso, que lean este artículo. Seamos honestos, muchas veces vemos el versículo de arriba como una sugerencia más que como un mandato, ¿no tengo razón? En nuestro corazón, nos cuestionamos si Jesús estaba hablando en serio cuando nos mandó que habláramos a otros de él. ¿O sea, no sería esto imponer mi propia religión o dogma en otra alma necesitada? ¿Por qué no solamente puedo tener mi verdad y tú la tuya, y no nos molestamos el uno al otro? ¿No deberíamos solamente amar a las personas y vivir para Jesús sin predicar el evangelio, dejar que las personas vean el evangelio en nuestra vida?

Amamos estas excusas y, prácticamente, todos los cristianos han tenido alguna de estas preguntas flotando en su cabeza en algún punto. Deseamos que la Biblia apoye la famosa frase no bíblica hacia nosotros que dice «predique el evangelio y, si es necesario, use palabras» y vamos día tras día interactuando con las mismas personas, usando la misma excusa calladamente. Cada día, miles y miles de cristianos, interactuando con inconversos, mantienen sus bocas cerradas acerca del Dios que puede salvar sus almas.  ¿Y qué sucede cuando esto se convierte normal? Las personas mueren cada día en América sin conocer de Jesús y sin conocer de manera correcta el evangelio. O sea, si verdaderamente creemos en el infierno, el cielo, el pecado tan devastador, el amor que murió por nosotros y su maravillosa gracia, ¿Crees que lo saben las personas que nos rodean? ¿Si creemos que la gracia de Dios inmerecida hacia los pecadores es tan maravillosa, no querríamos hablar de esto y compartirla? Yo quiero que nuestra generación de jóvenes sea una generación a la que le comience a importar esto, y quiero que seamos la generación que, valientemente, tome la batuta para Cristo. Como Pablo nos dice:

todo el que invoque el nombre del Señor será salvo. Ahora bien, ¿cómo invocarán a aquel en quien no han creído? ¿Y cómo creerán en aquel de quien no han oído? ¿Y cómo oirán si no hay quien les predique? ¿Y quién predicará sin ser enviado? Así está escrito: ¡Qué hermoso es recibir al mensajero que trae buenas nuevas! (Romanos 10:13-15). 

Yo escuché una vez a un pastor que utilizó una analogía de un hombre gordo que comía, muy cómodamente, toneladas de comida, y no compartía nada con las personas de su pueblo. El hombre gordo, por su egoísmo, se parece mucho a cualquier cristiano del siglo XXI en América. Imagínense que este gordo sinvergüenza cierre sus ventanas para no ver a los que están desnutridos, personas muriendo que él puede rescatar.  Imagínense que este hombre gordo encienda música en su casa para que los chillidos o llantos de los bebés hambrientos no le traigan remordimiento a su terrible glotonería. Él pudiera salvar fácilmente a su pueblo abriendo las puertas de su casa y dirigir a las personas hacia la comida, pero, aun así, él decide quedarse en su casa por pura pereza, cobardía, apatía y egoísmo.

¿Qué tan egoístas somos? ¿Quién tiene el derecho legal en los Estados Unidos para compartir el evangelio con todo el mundo? Cuando nosotros, que tenemos cuerdas vocales funcionales y Biblia de cuero, escogemos mantenernos callados como este hombre gordo en medio de un mundo que agoniza. No solo eso, los cristianos no solo creen que los pecadores están muriendo fuera de nuestras paredes, sino que también creemos que, si mueren sin Cristo, pasarán la eternidad en el infierno. En nuestros corazones, tratamos de no escuchar los lamentos de los perdidos y, en nuestra mente, tratamos de neutralizar la realidad de que hay personas que se dirigen a la eternidad del infierno y nosotros nos reusamos a advertirles. Yo sé que puede ser extraño y puede dar vergüenza, pero, por favor ¿Podríamos tratar de hacer nuestro estilo de vida consistente con lo que profesamos?  Solamente en la América moderna evangelista se puede ir a la iglesia y leer el credo que nos advierte de la venida de Cristo para juzgar a los vivos y muertos, solo aquí podemos profesar esto literalmente cada domingo y después ir a vivir exactamente de la misma manera el lunes cuando volvemos a clases.

Una de las muchas razones por las cuales el infierno es muy pocas veces predicado es porque nos hace sentir incómodos. Cada vez que pensamos en eso, nos llenamos de vergüenza, dándonos cuenta de que estamos sentados tan cómoda y apáticamente mientras los pecadores atados al infierno pudieran ser rescatados creyendo en el evangelio que nosotros hemos memorizado desde la escuela dominical. Que Dios tenga misericordia de la iglesia apática de América, por favor, hagamos un mejor trabajo que la última generación. Si nosotros nos reusamos a hacer esta buena labor, ¿quién lo hará? Los cristianos creen que el infierno es eterno, permanente, tortura consiente, comparado con un lago de fuego o un lugar de total oscuridad y caos donde Dios manda a todo aquel que murió en sus pecados para ser castigado.

Fuera del amor inmensurable por su iglesia, Cristo tomó el castigo por los pecadores que no lo merecían, quienes iban a poner su fe en él. Muriendo en la cruz bajo la ira de Dios y, después, siendo levantado de entre los muertos, venció la muerte e hizo un llamado a todos los hombres de cualquier lugar a que se arrepientan y crean en el evangelio que puede redimirlos de su oscura y sucia alma. Muchos odiarán este párrafo porque estoy tratando de romper la venda de sus ojos, venda que los fuerza a ver a las almas condenadas e ignorarlas todos los días. Lo que podemos comprender acerca de la realidad del infierno, de la urgencia del evangelio y del gozo de conocer a Dios es que es cuando menos vamos a poder sentarnos cómodamente como un egoísta glotón mientras el mundo muere de hambre. Deberíamos considerar y preguntarnos ¿si actuaríamos con la misma apatía que tenemos con el evangelio de la que tuviéramos si consiguiéramos la cura del cáncer?  ¿Nos quedaríamos con la cura para nosotros? ¡Claro que no! Pensemos cómo queremos vivir nuestra vida sabiendo que somos embajadores de Jesucristo. Charles Spurgeon una vez fue muy asertivo en un sermón llamado «Todo en eso» que dice: 

La maldición de las edades caerá sobre mí, y los lamentos de las almas perdidas van a venir a mis oídos por cuanto yo exista, si yo no doy a conocer el evangelio… si no predicas el evangelio, estás dejando perecer a tus compañeros. ¡Allá está el peligro, y no estás mandando ningún salvavidas! ¡Allá hay almas hambrientas, y tú no les das ningún pan! Bueno, si estás dispuesto a ser tan inhumano, al menos debes saber lo que estás haciendo. Tú que no estás tomando ninguna parte en este maravilloso trabajo de compartir el evangelio, estás intencionalmente permitiendo que los hombres vayan al infierno, y su sangre va a ser requerida en tus manos.

Estoy escribiendo esto sabiendo que, si hay alguien cobarde, ese soy yo. Personalmente, me he sentado al lado de personas en un vuelo de varias horas sabiendo en mi corazón que debería tratar de compartir acerca de Jesús en nuestra conversación, pero nunca he tenido el coraje de hacerlo. Me he descuidado y alejado de las oportunidades que Dios me ha dado, más de lo que puedo contar. Honestamente, creo que temo compartir el evangelio simplemente porque no quiero que me vean como un fanático, un idiota o un loco. Es esto o podría ser que no creo lo suficiente o no amo a la gente como debo hacerlo, pero cualquiera que sea el problema, estoy seguro de que algo está mal dentro de mí. Mi orgullo, mi miedo, mi apatía, mi duda y mi inseguridad hacen que esta misión sea extremadamente difícil. No quiero herir los sentimientos de la gente, y quiero que la gente vea que soy chévere y relajado” .

Pero, de todos modos ¿qué es ser una persona relajada, chévere” ? Gente, para decirlo sin rodeos, ser visto como una persona relajada”  no importa mucho a la larga. Si bien, no deberíamos ser innecesariamente extraños, ¿a quién le importa ser visto como alguien chévere o relajado cuando los seres queridos y los vecinos están pereciendo? Si un hombre ciego fuera a caminar frente a un auto en movimiento, ¿le gritarías con todas tus fuerzas para que se mueva, o te quedarías en silencio solo porque la gente te podría mirar como un bicho raro? Si crees en la totalidad del evangelio, ser visto como una persona «relajada» no debería ser una prioridad en tu vida. Imagínate si Josué se hubiera rehusado a marchar alrededor de Jericó porque quería verse como alguien tranquilo, relajado o chévere” . Los espectadores, probablemente, vieron al ejército de Josué como un grupo de idiotas. Imagínate sí el orgullo y la pereza de Noé le hubieran impedido construir el arca.

He escuchado que la gente se burlaba de Noé e incluso pensaban que estaba loco, hasta que comenzó a llover. Imagínate si Jesús hubiera decidido no venir a la humanidad para evitar la humillación. Los soldados romanos se rieron, escupieron, se burlaron y lo mataron a pesar de que vivió una vida perfecta. ¿Qué nos hace pecadores, pensar que merecemos un mejor trato? Imagínate si él hubiera elegido ser “chévere” y tener popularidad, en lugar de humillarse a sí mismo hasta el punto de morir desnudo en una cruz. ¿Somos demasiado orgullosos para humillarnos, incluso para tener una conversación de cinco minutos con un hombre sin hogar o para almorzar con ese niño que vemos intimidado en los pasillos? ¿Te imaginas que al Buen Pastor no le importaran las ovejas perdidas? Dios te eligió, envió a su Hijo a morir por ti, te persiguió, te redimió, te adoptó, está santificándote y te glorificará; pero mereces lo contrario. ¿Quién crees que eres para rechazar ir tras los perdidos?

Leonard Ravenhill hizo referencia, en una de sus predicaciones, a que si hubieras vivido en Jerusalén hace 2.000 años atrás y hubieras visto a un hombre llevando una cruz hacia las afueras de la ciudad, solo hubieras sabido una cosa acerca él: que nunca volvería. Dios ha dicho que te niegues a ti mismo y que tomes tu cruz, y ha dejado totalmente en claro que no eres tu dueño y que has sido comprado a un precio muy alto. No podemos esperar que los perdidos vuelvan a nosotros y vaguen por las puertas de nuestra iglesia o que alguna vez acepten la invitación de ir a la iglesia. El Buen Pastor no esperaba que la oveja perdida volviera sola al rebaño. Los pescadores de hombres deben pescar realmente.

Si bien es cierto, es genial invitar a tus amigos a la iglesia, pero, simplemente invitarlos a la iglesia o hablar sobre cosas cristianas no es necesariamente evangelizar. Dialogar sobre las escrituras con políticas que están relacionadas a ellas tampoco es evangelizar. Tenemos que llevarles el evangelio mismo, porque el evangelio es el poder de Dios para salvación para todos los que creen”  (Romanos 1:16). Al respecto, en su conferencia, Predicaciones al aire libre” , Spurgeon expone lo absurdo de la visión de muchas iglesias sobre la evangelización:

El mandato del evangelio es: “Id por todo el mundo y predicad el evangelio a toda criatura” , pero se obedece tan poco que podríamos imaginarnos que funciona así: “Entra en tu propio lugar de adoración y predica el evangelio a las pocas criaturas que entran ahí” . “Id por las carreteras, los setos y obligadlos a entrar”  … Los deportistas no deben detenerse en casa y esperar a que vengan los pájaros y que les disparen, ni los pescadores deben arrojar sus redes dentro de sus botes y esperar pescar mucho. Los comerciantes van a los mercados, siguen a sus clientes y, si ven que no hay negocio, se van; y nosotros debemos hacer eso también.

Oro para que, como generación, nos neguemos a escondernos en nuestras iglesias y sentarnos cómodamente en nuestros asientos, que tengamos la disponibilidad y el gozo para decirle al Señor: ¡Aquí estoy! Envíame a mí”  (Isaías 6: 8). Entonces, ¿A quién le compartirás el Evangelio? Por favor, toma un tiempo para orar por este tema de evangelismo que es desafiante y pídale al Señor que trabaje en tu corazón. 

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