Llevando el Perdón  de la Teoría a la Práctica.

 In La vida de un cristiano

Porque hemos sido perdonados.

“Entonces se le acercó Pedro y le dijo: Señor, ¿Cuántas veces perdonaré a mi hermano que peque contra mí? ¿Hasta siete?

Jesús le dijo: no te digo hasta siete, sino aun hasta setenta veces siete.” (Mateo 18:21-22)

En la esfera cristiana este versículo es muy reconocido, “perdonar  hasta setenta veces siete”, podemos hablar sobre el perdón y lo maravilloso que es ser perdonado por un Dios de misericordia y compasivo, pero ¿cómo reaccionamos o actuamos cuando somos nosotros los ofendidos? 

Sabemos lo amargo que resulta ser lastimado, ofendido, herido, traicionado y que para colmo me digan que la medicina es pasar por alto la ofensa, ¿perdonar?, será que nadie entiende el dolor que me ha causado, que la ofensa ha dejado grietas y que lo más sensato a mi parecer es guardar rencor, buscar oportunidad para vengarme o esperar que Dios me utilice como instrumento de justicia.

Lo interesante de todo esto que es cuando somos ofendidos, en nuestra mente navegan tantos pensamientos similares a estos, que nublan nuestro razonamiento y olvidamos quien fue el que dijo que debíamos perdonar hasta setenta veces siete, entonces a medida que avanzamos, quiero decirte que  si nos dejamos gobernar por nuestras emociones no podremos llevar el perdón a la práctica.

Porque es una decisión, no un sentimiento.

Es posible que estemos  viviendo en el mundo de lo automático, donde todo se soluciona con un click,  y donde la mayor parte de las veces actuamos de esta manera, no pensando sino que nos dejamos llevar. Actuar de manera automática es para los artefactos, equipos, programas, robots, etc.  No para nosotros  que hemos sido creados por Dios con emociones, sentimientos, razonamiento y que nos ha dado dirección a través de su palabra y Espíritu Santo, no somos títeres para ser arrastrados por nuestras emociones, Dios siempre está buscando darnos dirección.

Hay una salida para no estar atados a la amargura, resentimiento, odio, rencor, deseos de venganza y falta de perdón, solo que cuando somos ofendidos creemos que tenemos el derecho a no perdonar porque es tan fuerte lo que sentimos, o tan profunda la herida, que asumimos que porque es una emoción fuerte, ya es verdadera y válida en sí misma, pero es un engaño. Cuántas veces hemos escuchado la frase: “Escucha a tu corazón y déjate llevar por lo que te dicte”, la Biblia nos alerta en cuanto a esto diciéndonos que “como ciudad sin defensa y sin murallas es quien no sabe dominarse” Proverbios 25:28.

Las emociones forman parte de nuestra vida, pero por muy intensas que sean deben estar sometidas y conducidas por la palabra de Dios.

El perdón es un acto sobrenatural. 

Si nosotros pisamos una serpiente, ella inmediatamente nos picará, si nos encontramos con un oso en el bosque la reacción  más común sería que nos ataque  porque esa es su naturaleza. 

Cuando somos ofendidos o heridos nuestra naturaleza pecaminosa se pone en evidencia, desatando rencor, odio y venganza contra aquella persona que consideramos nuestro enemigo; ahora ¿sabes que reacción positiva tiene el odio que derramas sobre tu “enemigo”?  ¡Ninguna! Porque es normal actuar así en este mundo, odiando y pagando mal por mal.

Pero si somos realmente hijos de Dios, él nos está llamando a romper el molde, a vivir de forma sobrenatural  y nos dice “amad a vuestros enemigos, haced bien a los que los aborrecen”… Lucas 6:27.

Y dirás ¿Por qué  Dios me está llamando a esto? ,recuerdas las veces que le has pedido a Dios crecer espiritualmente, madurar en la fe, depender más de él, allí  está la respuesta, Dios nos está llamando a llevar el perdón de la teoría a la práctica y nos está llamando a nosotros porque solo aquellos que han nacido de nuevo pueden conocer y experimentar el poder sobrenatural del perdón. 

El perdón, revela cuán fuertes son nuestras convicciones.

El odio solo trae más odio, pero existe una fuerza más poderosa y es el perdón. El odio, la falta de perdón, son gritos vacíos, pero si me preguntas qué es lo ¿que habla más fuerte de nuestra fe? Te diré que el perdón habla más fuerte que todos los discursos extraordinarios que podamos decir, cuando perdonamos genuinamente a quien nos hace daño comprobamos que la cruz sí pesa, pero que es mucho mejor crucificar nuestro orgullo con Cristo que vivir esclavos de un sentimiento que nos acaba poco a poco, nuestro lema diario debe ser “con Cristo estoy juntamente crucificado y ya no vivo yo, mas vive Cristo en mí” Gálatas 2:20

Sé que hay situaciones en las  que nuestro corazón engañoso se niega a perdonar y  a extender gracia, hay cosas que humanamente uno dice es imposible perdonar, situaciones en las que es tan grave la falta que uno tiene que aferrarse mucho más a Cristo porque son puestas a prueba nuestras convicciones, y se hace difícil vivir lo que creemos.

No perdonar nos pone en conflicto con Dios mismo.

Si ustedes perdonan a los otros sus ofensas, también su padre celestial los perdonará a ustedes. Pero si ustedes no perdonan a los otros sus ofensas, tampoco vuestro padre perdonara vuestras ofensas (Mateo 6:14)

Perdonar nos puede costar mucho; pero no perdonar nos va a costar mucho más, nos pone en conflicto con Dios, impide que podamos crecer como él desea, y si dejamos que esa raíz crezca en nuestro corazón entonces poco a poco nos va a desgastar, al punto de que no vamos a ser sensibles al llamado que Dios nos hace de perdonar hasta setenta veces siete.

Cuando dejamos que la falta de perdón nos gobierne, tal vez no lo decimos, pero la respuesta que le damos a  Dios es que su palabra no es nuestra autoridad, que en estas circunstancias no es la vía, ¿pero cómo no va ser el perdón la vía? , si gracias a su perdón podemos ser llamados hijos de Dios.

Dios perdona multitud de pecados, pero no olvidemos que cuando oramos al Señor le decimos “Señor perdónanos como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden”, esta declaración está sujeta a que si no perdono le estoy diciendo a Dios que me no me perdone si no soy capaz de perdonar.

Tengamos paz con Dios, extendiendo sobre nuestros enemigos el mismo perdón que Dios derramó sobre nosotros. 

 El perdón no exige venganza.

La vida del Señor Jesús es el modelo a seguir, en cuanto al perdón él nos da grandes lecciones que hasta el día de hoy son recordadas, Jesús siendo Dios soportó la humillación, el desprecio, la burla y antes de morir él dijo:“Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen” (Lucas 23:34.) desde la cruz él dejó ver que el perdón es más poderoso que el odio.

El mismo Pedro que pregunta al Señor ¿cuántas veces era necesario perdonar a su hermano?, creyendo que siete veces era  lo bastante bueno para ser reconocido como buen cristiano, es el mismo Pedro que niega a su maestro y maldice el nombre de Jesús. Cuando Pedro recuerda al tercer canto del gallo las palabras de Jesús, lloró amargamente, le había fallado a su maestro, a quien él había dicho que daría la vida si era necesario.

Pedro volvió a su oficio, pero luego de un tiempo se encuentra con su maestro a quien él le había fallado, y Jesús no trajo una lista de reclamos para Pedro, ni siquiera tocó el tema, Jesús invitó a Pedro a comer  llamándole para que siguiera llevando a cabo  el propósito que Dios había establecido para él.

Pedro fue restaurado porque una fuerza sobrenatural llamada perdón que lo abrazó tan fuerte que no pudo resistirse, y no fue Pedro el que pidió perdón, sino Jesús, el que había sido ofendido el que buscó restaurar la relación,  anular la deuda; porque en el perdón cristiano es el ofendido quien asume el costo de lo que se ha roto, descubriendo que era prisionero mientras se negaba a perdonar.

¡Seamos una generación que lleva el perdón de la teoría a la práctica, porque así reflejamos el amor de Dios!

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