No Enseñes a Judaizar

 In Cosmovisión, Cultura

En el afán justificado de conocer y entender lo que le agrada y lo que no le agrada a Dios, los nuevos creyentes han tenido una carencia común en la comprensión de la ley y la gracia; esto no es más que la consecuencia de una deficiente enseñanza del evangelio verdadero, una falta de entendimiento y  madurez sobre la libertad en Cristo Jesús y el gozo del Padre al saber que nuestras decisiones ahora son conformes a su santidad como parte de la promesa del nuevo pacto.

Esto se debe a la obra del Espíritu Santo que mora en los hijos de Dios, los cuales ya no están condenados a las obras de la carne para perdición y muerte, sino que conforme al Espíritu buscan la justicia de la ley por la fe, para salvación y vida eterna. Ahora bien, una de las enseñanzas en las que el apóstol Pablo invita a la madurez espiritual, se encuentra en la carta de Gálatas, considerada la carta magna del evangelio y no en vano.

En el tiempo de la iglesia primitiva, los judíos eran muchos y no sabían qué hacer con los nuevos creyentes de otras culturas que se unían a la iglesia; para ellos la respuesta más fácil a dicha situación era enseñar lo conocido, un híbrido entre la obra de Jesús y seguir con el celo de cumplir con las tradiciones de sus padres, pero Pablo amonestó la contradicción de dicho comportamiento de la siguiente manera:

Pero cuando vi que no andaban rectamente conforme a la verdad del evangelio, dije a Pedro delante de todos: Si tú, siendo judío, vives como los gentiles y no como judío, ¿por qué obligas a los gentiles a judaizar?”   Gálatas 2:14

La reprensión de Pablo hacia Pedro enseña la importancia de la autoridad apostólica y a su vez la sumisión humilde en la verdad, sin embargo, no se puede dejar pasar por alto la razón de dicha exhortación  ¿Por qué Pablo condenó el comportamiento de Pedro como una actitud hipócrita? ¿Acaso la ley ya no debe cumplirse más?, ¿Cómo se puede discernir en lo que sí se debe obedecer y lo que no? Para responder a dichas interrogantes primero debemos conocer la historia de la promesa de Dios al patriarca de la fe, Abraham.

Origen de la Promesa

“Bendeciré a los que te bendijeren, y a los que te maldijeren maldeciré; y serán benditas en ti todas las familias de la tierra.”  Génesis 12:3

“Y serán benditas en ti”, señala anticipadamente la venida del Mesías a través de la simiente de Abraham, una descendencia de carne judía habría de venir para dar libertad; la palabra “familia” es interpretada como “naciones”, esta era la proclamación del evangelio de Jesús, un evangelio único, sin acepción de personas, para bendecir al griego, al judío, al esclavo, al libre, al varón y a la mujer, como uno en Cristo Jesús. Es necesario hacer morir lo terrenal, para no volver a los rudimentos del mundo; fornicación, impureza, pasiones desordenadas, malos deseos, avaricia, idolatría, ira, enojo, ya que estas motivaciones y acciones no provienen de Dios, sino del Padre de la mentira.

“Por lo cual, este es el pacto que haré con la casa de Israel. Después de aquellos días, dice el Señor: Pondré mis leyes en la mente de ellos, Y sobre su corazón las escribiré; Y seré a ellos por Dios, Y ellos me serán a mí por pueblo;”   Hebreos 8:10

El nuevo pacto ha dado por viejo al primero, y lo que envejece desaparece,  aquel pacto legalista, externo, pesado y con la maldición del madero si no se llegase a cumplir por completo, ha sido anulado y clavado en la cruz, ahora morimos con Cristo, morimos al pecado y resucitamos junto con Él porque todo se nos fue perdonado.

Santidad, no religión

Ahora bien la ley fue dada y confirmada para revelar tanto la santidad para la que el ser humano fue diseñado, como su incapacidad de cumplirla por su condición pecaminosa; es por ello que la nueva vida en Cristo, permite vivificar de manera genuina la pureza, de forma paulatina, pero con la esperanza de completarse el día de su venida, Pablo lo dijo de la siguiente manera:

 “Pues no es judío el que lo es exteriormente, ni es la circuncisión la que se hace exteriormente en la carne; sino que es judío el que lo es en lo interior, y la circuncisión es la del corazón, en espíritu, no en letra; la alabanza del cual no viene de los hombres, sino de Dios.”  Romanos 2:28-29

Esto había sido escrito hace mucho tiempo atrás en Deuteronomio 30:6, la circuncisión en la carne de nada aprovecha, ahora la verdadera circuncisión proviene del corazón, de esta forma se cumple la promesa y la bendición a todos los pueblos de la tierra, solo por la fe, confesando a Jesús como Señor y Salvador.

Es importante que todo cristiano entienda la importancia de la obra del Espíritu Santo, como Aquel que intercede por los santos con gemidos indecibles, procurando siempre la victoria contra los deseos pecaminosos, no desde la carne, porque ya no somos deudores de ella, sino desde el espíritu, en donde podemos ser como Jesús sin impedimento.

Un único Evangelio

La fe manifiesta obras como resultado del amor al sacrificio de la cruz; no al contrario para que nadie se gloríe, porque aún la gracia es don de Dios y no hay espacio para el orgullo. La verdad del evangelio es objetiva por lo tanto es fundamental enseñar la fe genuina en el Hijo de Dios, tal como lo hizo Pablo, citando las siguientes palabras:

“Antes por el contrario, como vieron que me había sido encomendado el evangelio de la incircuncisión, como a Pedro el de la circuncisión”  Gálatas 2:7

Esto no significa que hay dos evangelios distintos, significa que hay dos públicos diferentes, por lo tanto hay dos formas de comunicar el mismo evangelio verdadero de Jesús. Quizá comenzando desde un punto u otro, ya sea para no menospreciar al débil o para no juzgar al fuerte en la fe; pero ambos con la mirada en Jesús y en su libertad, no para satisfacer los deseos de la carne, sino para buscar el reino de Dios en pureza.

La concepción que tenían los judíos de pureza era muy distinta a la que Jesús enseñó, ellos intentaban purificar la carne pero no su corazón, cuidaban lo que tocaban, comian y hasta con quién se juntaban. Pedro se vió rodeado de esta cultura por mucho tiempo y debía renacer en esta área de su vida, todos necesitaban cambiar su cosmovisión de pureza, Pablo lo logró a través de exponer en público una hipocresía que todos debían abandonar. Jesús deslumbro la pureza desde el cuidado del corazón, es ahí donde todo cristiano debe trabajar, no con la esclavitud del deber, sino en la premisa del querer.

La Verdadera Cultura

La cultura del espíritu es del Reino de los Cielos, mientras que la carne se sujeta al espíritu para evitar el pecado (porque nunca dejará de pecar, a menos que queramos decirle a Dios mentiroso), puede adaptarse y vivir tradiciones diferentes, no hay que ser tiranos y fomentar una igualdad que ni Dios con toda su autoridad lo hace. Por ejemplo, los idiomas reflejan la historia de una comunidad, marcan una personalidad y una identidad en cada individuo, no todos tienen que hablar español, no todos tienen que usar el mismo dialecto, porque la lista objetiva nunca terminaría.

“Por tanto, nadie os juzgue en comida o en bebida, o en cuanto a días de fiesta, luna nueva o días de reposo, todo lo cual es sombra de lo que ha de venir; pero el cuerpo es de Cristo.”  Colosenses 2:16-17

Si en algo queremos ser religiosos podemos comenzar cuidando de las viudas  y los huérfanos, pero está claro que nada de lo que se haga en la carne, como tradiciones religiosas, Colosenses 2:21 “tales como: No manejes, ni gustes, ni aun toques”, o lo que comemos, bebemos, días festivos; todo esto puede ser muy provechoso, pero es sólo una sombra de lo que se vivirá en la eternidad.

No serás condenado por no comer el pavo en el día de acción de gracias, si eres norteamericano,  mucho menos si no lo celebras en el sur del continente. Tampoco entrarás al infierno por no tomar la Santa Cena con el vino más costoso, o por no ser bautizado en manantiales exóticos, todas estas tradiciones culturales que fueron enseñadas por nuestros padres y aun por el mismo Dios, se nos aclara, son sólo una sombra en este tiempo.

“Tales cosas tienen a la verdad cierta reputación de sabiduría en culto voluntario, en humildad y en duro trato del cuerpo; pero no tienen valor alguno contra los apetitos de la carne.”  Colosenses 2:23

Pedro era judío y decidió vivir como gentil,  no había nada de malo en compartir esa cultura con sus hermanos gentiles, sólo hace falta direccionar cada estructura cultural de nuestras vidas hacia el propósito de Cristo. Ya no se trata de obligación sino de “culto voluntario”, y con respecto a “los apetitos de la carne”, solo nos puede ayudar nuestra amistad íntima con Dios.

El discernimiento correcto para cumplir con toda la ley, es amar al prójimo como a uno mismo, procurando lo que es bueno para edificación, sin poner piedra de tropiezo a los hermanos, porque de ahora en adelante nuestra entrega y obediencia al Espíritu Santo nos brindará frutos como por ejemplo en Gálatas 5:23 “mansedumbre, templanza; contra tales cosas no hay ley.”, porque claro está que no existe ley de Dios que no sea infundada por amor.

Porque lo que es justo para Dios es el Amor Santo, y no hay ley contra tal decisión, de esta forma nos santificamos los unos a los otros, en un amor sacrificial y libre, porque ¿Quién puede amar siendo esclavo? Dios nos liberó y perdonó; como a Onésimo, que aún en su libertad en Cristo, decidió seguir el ejemplo de Jesús, no escatimó en brindar su herencia, siendo agradecido y útil en el servicio. Así que si en algo servimos, si en algo obramos, que sea por amor, y si no lo sentimos, podemos pedirlo con fe.

Hay libertad para decidir conforme al corazón de Dios, no estamos solos en esta tarea, el Espíritu Santo revela el camino de Jesús y a su vez la voluntad divina; mientras que la comunidad siendo afilada a través de la exposición y la compasión, se evitará el paso de satanás y el ser reprobados en una conciencia corrompida. Hay que vivir la autoridad que Dios le entregó a su iglesia, con humildad y madurez, alimentando una fe verdadera, siendo bienaventurados por no condenarnos en lo que aprobamos vivir tradicionalmente.

 “Con Cristo estoy juntamente crucificado, y ya no vivo yo, mas vive Cristo en mí; y lo que ahora vivo en la carne, lo vivo en la fe del Hijo de Dios, el cual me amó y se entregó a sí mismo por mí. No desecho la gracia de Dios; pues si por la ley fuese la justicia, entonces por demás murió Cristo.”   Gálatas 2:20-21

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