Perseguidos pero Dichosos

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El único requisito para morir es estar vivo. La manera en que morirá cada persona es incierta, tanto para el incrédulo como para el creyente la muerte puede aparecer en momentos inesperados. Sin embargo, los que hemos depositado la fe en Jesucristo tenemos la seguridad de que estaremos con nuestro Señor. ¿De qué manera llegaremos a Él? Es una gran pregunta que solo Dios conoce la respuesta.

Y de la manera que está establecido para los hombres que mueran una sola vez, y después de esto el juicio. – Hebreos 9:27 (RVR)

Teniendo en mente lo anterior, a unos, el Señor les permite llegar a una edad avanzada y lograr ver hasta su cuarta generación. Pero, a otros, el Señor les permite que se marchen de esta vida por una enfermedad terminal o por accidentes inesperados; incluso por anunciar el evangelio de salvación en países donde existe persecución, como es en el caso de Siria, Arabia Saudita, Corea del Norte y en el Oriente Medio. Por mencionar algunos.

El Señor Jesús asegura  lo siguiente:

Dichosos ustedes cuando los odien, cuando los discriminen, los insulten y los desprestigien por causa del Hijo del hombre. – Lucas 6:22 (NVI)

Quiero que nuestro corazón medite en cada uno de los creyentes que sufren el odio, la discriminación y están recibiendo ahora mismo una bofetada en el rostro por no negar la fe. Pensemos en aquellos, que aunque sufridos, son dichosos.

Bienaventurados los que padecen persecución por causa de la justicia, porque de ellos es el reino de los cielos. Bienaventurados sois cuando por mi causa os vituperen y os persigan, y digan toda clase de mal contra vosotros, mintiendo. Gozaos y alegraos, porque vuestro galardón es grande en los cielos; porque así persiguieron a los profetas que fueron antes de vosotros. – Mateo 5:10-12

Tuve la oportunidad de leer el libro titulado El Asesinato de Cristianos escrito por Tom Doyle, el cual, se trata de al menos 8 excelentes testimonios de nuestros hermanos en Siria, Irak, Somalia, Arabia Saudita, Jordania y en el resto del Oriente Medio. Testimonios reales que animan al cuerpo de Cristo  a seguir adelante, a no negar la fe y a amar las misiones a pesar de la persecución. De esa manera, cumplir su mandato en  Mateo 28:18-20 (RVR) cueste lo que cueste.

Y Jesús se acercó y les habló diciendo: Toda potestad me es dada en el cielo y en la tierra. Por tanto, id, y haced discípulos a todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo; enseñándoles que guarden todas las cosas que os he mandado; y he aquí yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo. Amén. – Mateo 28:18-20

Es increíble enterarse de hermanos en Cristo que sienten en lo más profundo de su ser, que el mayor honor en la vida es perder la vida por la causa bendita de Jesucristo. El libro antes mencionado, relata testimonios reales, uno de ellos es el de Mina.

Mina, es una joven musulmana que creyó en Cristo tiempo después, pero su padre no aceptó el nuevo estilo de vida de su hija, y por tanto, la asesinó por no arrodillarse ante Alá y recitar las palabras del Corán.

Mina murió a los 20 años de edad, tenía una vida por delante, una carrera que ejercer y un mensaje de salvación que anunciar, pero al Señor le plació llevársela. Me pregunto: ¿Por qué Mina ha muerto y nosotros no? En realidad, Mina ahora está más viva que nunca. De hecho, se encuentra en un lugar muchísimo mejor que nosotros y que cualquiera en este mundo.

Esa es una gran lección que aprendí al pensar en la muerte de Mina y en la de cualquier otro mártir. Con mucha frecuencia, hasta los cristianos olvidamos de que nuestra fe apunta a la eternidad. Nuestra verdadera vida no ha comenzado siquiera, sino solo para los mártires como Mina.

La historia de Mina es una de entre tantas de las cuales los perseguidores se salen con la suya, y a decir verdad, reconozco que existe un paso al odio a los musulmanes extremistas por el hecho de que acaban día a día la vida de nuestros hermanos en Cristo en el Oriente Medio y en algunos países de África. De tal manera que, oro a Jesús para que nos ayude a no odiarlos por estos asesinatos.

En el pasado, recuerdo un día cuando Estados Unidos junto a Francia e Inglaterra bombardearon al estado islámico. Lo primero que exclamó mi corazón fue lo siguiente: “¡Sí! ¡Que acaben con todos ellos!”. Sin embargo, ahora he recapacitado. Luego de pedirle perdón a Jesús por tal odio hacia los musulmanes me dije: “Si no amas a los musulmanes, ¿Dónde está el amor de Cristo que profesas tener?” No te dejes llevar por mi experiencia, mejor créele a la escrituras cuando dice: Pero yo os digo: Amad a vuestros enemigos, bendecid a los que os maldicen, haced bien a los que os aborrecen, y orad por los que os ultrajan y os persigue. –Mateo 5:44 (RVR).

Ahora, puedo decir que el amor de Jesús por los musulmanes ha abrazado mi corazón, porque es necesario que a ellos también se les presente el evangelio.

La compasión no es la razón por la que los mártires quieren que se cuenten sus historias, sus vidas están llenas de razón de ser por el simple hecho de haber vivido para Cristo aceptando el peligro y el alto precio de seguir su ejemplo. La razón de ser de sus historias sirven para armarnos de valor y llevar el mensaje de amor y reconciliación de Jesús a lugares donde incluso florece un clima en el que están presentes la hostilidad, el peligro y el martirio.

Así que, por favor, no nos cansemos de orar por nuestra familia que se encuentra en Corea del Norte, Siria, Irak, Somalia, Arabia Saudita, Jordania y en el resto del Oriente Medio. De igual manera, si nunca en tu corazón había un espacio para los musulmanes, espero que a partir de ahora puedas abrirle un tiempo para orar por ellos, no porque yo te lo pida, sino porque lo dice las escrituras.

Finalmente, hazte la siguiente pregunta: ¿Serías capaz de soportar la persecución que te llevaría a la muerte? o, ¿Preferirías seguir soportando el peso de tu zona de confort? Aunque tu respuesta aún no sea clara ahora mismo, de algo debemos estar seguros, nuestra vida está segura en Cristo, y algún día estaremos con Él. 

Los creyentes perseguidos de hoy quieren decirte algo: “No nos tengas lástima, recuerda que somos perseguidos pero dichosos.”

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